Veamos en la siguiente lectura de Garza, Ramiro, estos conceptos:
Un día un médico olvidó un pedazo de pan en una ventana del hospital. Llovió. Pasaron muchas horas. Cualquier enfermera descuidada, cualquier ayudante de limpieza, cualquier otra persona, al encontrar de nuevo el pan, lo hubiera echado a la basura sin mayor trámite. Pero el médico lo observó. Y descubrió algo extraño. Que había moho de diferentes colores. Y que pasadas unas horas, el moho amarillo proliferaba más que el negro. Y que en ese moho había una fuerza secreta oculta a los ojos de los distraídos. El Dr. Fleming inició así el descubrimiento de la penicilina. Observó, no sólo vio o miró. Observó, y en un relámpago intuitivo, transformó la manera de combatir las infecciones en nuestro siglo. La observación lo comenzó todo. La Observación. Tú y yo podemos ver un paisaje, podemos mirar una flor. Pero también podemos observar una abeja. La vista es amplia, generosa. La mirada es terminante y selectiva. La observación es concentrada e inteligente. Observando fue como Galileo intuyó que la Tierra era la que se movía y no el Sol. Una observación condujo al holandés Leewenhoek a inventar el microscopio. Porque era un buen observador, Franklin descubrió la electricidad de la atmósfera y dio con el pararrayos. Varias observaciones condujeron a Julián Carrillo a lograr su mundialmente célebre “Sonido 13”. Parece ser que existe una extraña comunicación entre el ojo y el cerebro. La pupila asimila y el cerebro analiza. La creatividad brota de una serie de asociaciones maravillosas. Para quien observa el mundo es, cada instante, una increíble aventura. Decidámonos hoy mismo a ser buenos observadores. Descubriremos en lo que es para otros sólo una cotidiana realidad, todo un tesoro de sabiduría y de belleza. La observación es la madre de la ciencia, del progreso, de la poesía, de la música interior. Y también de las revelaciones misteriosas.
La comunicación escrita presenta a menudo serias dificultades cuando no se tiene claridad en las ideas que se quieren plasmar, condición necesaria para que la escritura tenga un orden lógico. Al respecto, Chávez, F, (2011), afirma: Cuando se mira o se ve algo, por lo general se ejecuta una acción de tipo mecánico que afecta a un solo sentido: la vista. Pero el proceso de interiorización es diferente cuando se observa con detenimiento lo percibido (objeto, persona o suceso).
Así, para llevar a cabo la descripción de un objeto, basta con seguir la lógica de la observación:
Es sabido que las producciones escritas se realizan con una finalidad, bien sea para valorar, juzgar o concluir sobre ellas; y tendremos que formular enunciados de observación, de inferencia y juicios de valor. Los enunciados de observación suponen la identificación y/o clasificación, mientras que la inferencia implica identificación, clasificación, juicios de valor o solución de problemas. A continuación se muestran ejemplos y características de cada uno de los enunciados que ilustran lo anterior.




